Emociones positivas en el entorno laboral

Nadie tiene la clave del éxito, empezando por aclarar, que evidentemente cada persona tiene su propia consideración al respecto.

Pero, lo que sí tenemos claro que sea cual sea el objetivo que tengas a nivel profesional o empresarial, es imprescindible la educación y el desarrollo de la inteligencia emocional.

Algo que no nos dijeron nunca, aunque lo hayamos dado por hecho generación tras generación, es que nuestros sentimientos existen y deben ser gestionados. Debemos aprender a manejarlos.

Las emociones son nuestro impulso diario, es de las que dependemos para las relaciones personales, profesionales, para llevar a cabo cualquier acción. Y por tanto es esencial saber manejarlas para ser capaz de empatizar, comprender los sentimientos del resto, comunicar y conectar mejor.

El Dr. Goleman afirmó que la aptitud emocional “es algo así como una meta-habilidad, que determina cómo podemos utilizar cualquier otro talento”. 

Esta capacidad de sintonizar y manejar adecuadamente los sentimientos resulta de una forma de pensar, y es por tanto algo que se puede aprender y cultivar.

Realmente, las emociones aparecen a partir de una forma de pensar, por lo que es algo que puede adquirirse, desarrollar y aprender.

Hay dos tipos de emociones:

  • Las básicas: son las que reaccionan a un estímulo, suponiendo una adaptación a lo ocurrido. Reacciones más bien inmediatas, instintivas del cerebro ante determinadas situaciones.

  • Rasgos de carácter o de personalidad: que son permanentes en la persona, que no significa que no puedan cambiar, y que se han ido desarrollando por cada uno por otros elementos como “genética, educación, cultura, etc.)

Lo que está claro es que existen y no nos podemos desprender de ellas. Así que, ¿algo mejor que aprender a manejarlas y gestionarlas?

Las emociones se contagian y más aún en el entorno profesional. Cuando un colectivo, trabaja en conjunto, el estado anímico se expande por toda la empresa, como si de un virus se tratara. Si alguno en concreto perdura, puede ser lo que provoque un clima más o menos satisfactorio y con ello los resultados de la empresa.

¿Cuántas veces has escuchado hablar de la felicidad laboral? El optimismo, la positividad, la alegría y el humor pueden ser buenas formas de provocar un clima agradable y con ello repercutir directamente en beneficios de todo tipo, tanto de bienestar personal como de mayor motivación a la productividad, calidad del trabajo, colaboración y cooperación.

Entiende las emociones de tu equipo

Hay ocho emociones principales (alegría, anticipación, confianza, ira, tristeza, miedo, asco y sorpresa). Las que más positivas se consideran en un entorno profesional: son la confianza y la anticipación.

El equipo, encontrará nuevas situaciones, retos en los que superarse y será entonces cuando los desafíos deban verse como oportunidades de crecimiento, para todos.

  • La sorpresa y el miedo suelen prevenir del desconocimiento, la inseguridad y la preocupación.

  • En los trabajos de equipo, aparece en ocasiones la ira, por la intolerancia o discordancia de opiniones. Es algo que aparece con muchísima frecuencia.

Jamás, va a existir ningún miembro del equipo, que permanezca en el mismo estado de ánimo 24/7, mucho menos que siempre sea positivo.

Son innumerables las razones que pueden afectar a las personas, de forma que lo esencial, más bien lo ideal, es que los líderes entiendan el impacto que puede llegar a tener el compromiso del equipo, las experiencias personales los factores que influyen en la vida laboral diaria.

Emociones prioritarias en el rendimiento:

  • Confianza. En los demás y en uno mismo. Cuando la confianza de la compañía es alta, el equipo humano aumenta su creatividad y es más productivo. Además reduce los niveles de estrés. Si es al contrario, se produce un sentimiento de negatividad profundo y global.

  • Reconocimiento. Cuando los objetivos se cumplen, el trabajo es de calidad y satisfactorio, hay que reconocerlo. Es fundamental en cualquier relación, en la profesional también. Fortalece los vínculos.

  • Felicidad. Cuando esta existe, la repercusión es directa en el rendimiento. Para ello, es importante que los líderes y equipo humano, se priorice el bienestar.

  • Identidad. El sentimiento de pertenencia a una empresa, la capacidad de adaptación y evolución mejora. Con ello también la forma de desarrollarse en la empresa y el vínculo entre personas, fortaleciendo el respeto mutuo.

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