Reflejaba hace poco una clienta, una realidad “como una casa”, de verdad que era. Y es que seguro que has vivido alguna vez esta situación y seguro que también hemos sido protagonistas de ella en alguna ocasión: 

Desde una edad muy temprana nos empeñamos en preguntarles a niños de muy corta edad, que puede que tan solo balbuceen, ¿qué quieren ser de mayor?. A lo que un chiquillo/a, con medio palabreo, te dará por regla general, respuestas del tipo: bombero, futbolista, bailarina o médico. Puede que alguno, un poco más curioso de la cuenta, te diga incluso policía, peluquero/a o veterinario/a. Pero lo que sí es seguro, es que hasta el momento ninguno de nosotros ha escuchado que un niño o niña, diga que quiere ser empresario/a. 

 

Porque en realidad… ¿Qué es ser empresario/a? ¿El/la empresario/a es vocacional o circunstancial? ¿Cuándo sabe uno si quiere seguir trabajando para otros o emprender? ¿Y de qué y por qué? Es más, una vez que se emprende ¿cuándo podemos colgarnos el cartel de “SOY EMPRESARIO/A”? ¿Cuándo no tenga tiempo para mis hijos, cuando no llegue nunca a tiempo para ver a mi mujer o a mi marido, cuando el estrés me empiece a quitar el aliento, cuando tenga miles de euros que pagar en impuestos y haya perdido el bienestar? ¡¿Cuándo el móvil no pare de sonar y se me quede sin batería tan solo de atender llamadas?! ¡¿Cuándo ya no duerma?!

PARA, PARA, PARA!!!! Esto es clave. Sinceramente ¿te has sentido identificado/a con alguna de las situaciones ahora mismo expuestas? Si es que sí, sea cual sea, ¡no puede seguir siendo así!

Piensa. En primer lugar, o mejor dicho, haz memoria…

  • Cuando decidiste lanzarte en solitario (con tu proyecto empresarial) ¿cuál era el fin? ¿Por qué lo hiciste?

a) Creía en mi proyecto

b) Tenía ilusión

c) No quería seguir trabajando para otros

d) Ganar más dinero

e) Tener mejor vida. Decidir sobre mi vida.

f) Y otro largo etc.

¡Estás de suerte! Si coincides tan solo en una o posiblemente en todas. y sin embargo, también has coincidido con algunas de las situaciones expuestas al principio… entonces lo que está claro es que ¡has perdido el norte!

Has perdido, olvidado y dejado completamente abandonado tu objetivo principal. Y no solo lo has perdido de vista, sino que además te has dejado invadir por una serie de elementos que aunque quisieras, no llegarías al objetivo en siglos.

Pero TRANQUILO/A. Nadie dijo que ser empresario/a, significara ser superhéroe/na. 

 

Los empresarios/as somos personas. Personas con derecho a errar y con el DEBER de aprender a analizar y de rectificar. 

Nadie hizo referencia a que una persona que “trabaja” de empresario (digámoslo así para desmitificarlo), fuera perfecta.

Nadie dijo que poseyera todas las habilidades requeridas para afrontar cualquier situación que se le presentara y por supuesto nadie dijo que los resultados de sus acciones siempre fueran exitosos y dignos de admiración, recuerdo y ejemplo. 

¿Quién es un/a empresario/a?

Un/a empresario/a es aquella persona que tropieza y se levanta. 

Un/a empresario/a es aquel o aquella que falla y corrige, aprende.

Un/a empresario/a es una persona en constante actividad, alerta a todo aquello que le rodea a fin de captar lo que requiera y poder aplicarlo a la mejora de su compañía y equipo. 

Pero RECUERDA: 

Si eres empresario/a y cometes un error, dos o tres. APRENDE. Rectifica. Pero por favor, hazlo. Si no lo haces, entonces “serás un/a mediocre” como dice, Manuel Moncayo. 

Si no sabes algo, ejercítalo. Poténcialo. Interiorízalo. Refuérzalo. Foméntalo. 

Para ello, si quieres, nos tienes. Busca apoyo y ayuda, no por eso eres menos empresario/a:

 

ESCUELA DE LÍDERES. PYRSEL.