El éxito. Para todos no es el mismo. Para unos es triunfar en los negocios, para otros; en el amor, en el arte, en el desarrollo personal, etc… Pero para que el éxito no sea cuestión de azar , sino resultado del trabajo, se limita a una sola diferencia: La superación del fracaso.

Ahora, centrémonos, única y exclusivamente en él. Conocemos muchos casos de personas que cuando mencionamos la palabra triunfo o éxito se nos vienen a la cabeza. Pero ellos, son los primeros que hablan del fracaso. Thomas Edison dijo que no había fracasado, había encontrado 1.000 maneras que no funcionan. Michael Jordan refirió que en 26 ocasiones habían confiado en él para el tiro decisivo y falló, y así muchos más. Pero como se puede comprobar, ellos persistieron, insistieron y nunca desistieron.

El fracaso se puede tomar como un pozo de la perdición o un manantial de la motivación. Una vez que eliges la correcta para llegar a tus objetivos, empezarás a imaginar métodos que antes no concebías, a recorrer caminos que nunca anduviste, sentimientos indescriptibles. no porque no puedas describirlo, si no porque sientes que por todas las palabras que digas no sería tan bueno. Y todo esto nuevo son los síntomas del éxito, a raíz de la creatividad del fracaso.

Pero, una vez que hayas llegado al éxito, no podemos caer en la trampa de pensar que nos merecemos el triunfo por derecho y que ya estamos en mar abierto, puesto que sólo estamos en la orilla. Si caemos en esta trampa, nos conducirá al pozo de la perdición.

Existe una gran diferencia entre fracasar y ser un fracasado. Fracasar es un paso indispensable para lograr el éxito y valorarlo. Mientras, que ser un fracasado es haberse acogido a él como justificación para no seguir intentándolo.

Si no apostamos por nuestras ideas, o no valen nuestras ideas, o no valemos nosotros. Así, cuando volvamos a fracasar, tomémoslo como una oportunidad para volver mejores.